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Recuperar la salud

Entre el 2004 y el 2012 tuve una enfermedad que me dejaba cada vez más y más deteriorado físicamente. Llegué a pensar que no me saldría de esa. Cuando vivía este proceso tenía siempre el sueño de recuperar la salud y la imagen que más se acercaba a ese estado era volver a correr.

El reto

En mayo del 2013 me marqué un reto, pensé que me ayudaría a evolucionar en mis intentos fallidos para volver a correr. El reto era correr la Jean Boin de 5Km el 24 de noviembre en Barcelona.  Era una carrera que corría de pequeño y ese día coincidia con el aniversario de la muerte de mi madre hace 13 años.

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Mas tarde surgió un obstáculo, esa fecha coincide con un retiro de meditación que no me quiero perder pero inspirado por mi amigo Hector Sanz me apunté a Tui  una carrera de 10Km para el 20 de octubre en Palma de Mallorca. Parecía imposible terminar los 10Km pero con empezar y hacer los 5Km me conformaba.

La preparación

En realidad en abril del 2011 empecé a correr. Lo hice con unas zapatillas minimalistas y llegué a salir 11 veces con distancias entre 3 y 6 Km hasta que me lesioné. Durante meses me dolía el pie incluso al andar. De octubre del 2012 a noviembre volví a correr hasta lesionarme de nuevo, no había quien saliera del círculo vicioso de las lesiones.

Fue en mayo del 2013 que descubrí el libro “Manual del corredor principiante” que me ayudó a entender parte del porqué de mis lesiones.

Empecé a correr de forma muy lenta y progresiva. Pude correr regularmente 3 veces por semana hasta que en septiembre de nuevo me lesioné. Tenía sobrecarga en el soleo y no había forma de sacarlo ni con masajes ni con reposo. Si intentaba volver a correr volvía a aparecer y… la carrera que marcaba el reto se acercaba pero claramente parecía imposible que pudiera hacer ni los 5Km.

Una semana antes de la carrera hice un intento para ver como estaba. Hice 5 series de 1 minuto de correr y 4 minutos de andar y… se me agarrotó el soleo. Ese día abandoné definitivamente la idea del reto y ni tan siquiera pensaba hacer la carrera, era claro que mi cuerpo no podía. Tenía cierta frustración pero si toca, acepto las derrotas.

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Con Tania, sin ella no lo habría conseguido

En Mallorca
En realidad fui a Mallorca para estar con mi amigo Hector y mirar con Tania Sedeño qué entrenamiento podía hacer para recuperarme. Hacer la carrera no estaba en el plan. Estaba lesionado, sin entreno, intentarlo sería una locura. El sábado Tania me hizo una valoración previa en la que corrí en una cinta durante 12 minutos e hicimos una sesión de estiramientos. Tania me explicó claramente los errores que hacía al correr y el porqué. Me hizo tomar consciencia de los límites que tenía en mi cuerpo y también me animó con cosas que hacía bien, como la postura, flexibilidad y equilibrio.

Cambio de idea
Después de una agradable comida con Héctor y sus amigos Enrique Dubois, su pareja Melisa Sapmaz, el anfitrión Miguel Mas y Iván de Benito, me sentí inspirado por Héctor y Miguel que sí que iban a correr los 10Km y me empecé a preguntar si “quizás” sería posible. Llamé a Tania. Ella ni me animó ni me desanimó, me dijo que podía empezar y dejarme guiar por las sensaciones. Mi mente hizo clic y pensé que por probar no pasaba nada, lo importante era no forzar. Me apetecía vivir la salida de la carrera y compartí en Facebook la ilusión por este intento.

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Con Tania, Hector y Miguel antes de iniciar la carrera

Salida tardía
Ya llegamos al día de hoy, esta mañana, no pensaba que pudiera hacer ni los 5 Km. Al despertar estaba cansado por la sesión de ayer con Tania y con cierta molestia muscular. Finalmente me he encontrado con un dorsal colgando y en la pista de salida. Pero resulta que los retrasos en la inscripción nos ha dejado bloqueados entre los que hacían la prueba de 20Km. Hemos salido unos 10 minutos tarde del grupo de 10Km en el que teníamos que correr. Metros después de salir hemos tomado la calle ya bloqueada y vacía del circuito de los 10Km.

Ser el último
Ya en la carrera, a menos de 1Km Hector y Miguel me han dejado atrás para no agobiarme con un ritmo que no era mío. Me he encontrado solo, al final de la carrera, corriendo por calles desérticas. Me he sentido ridículo, solo, el último de la carrera y lesionado.

¿Hacer trampas?
Ha habido un momento en el que he pensado que lo mejor era girar y unirme al pelotón que bajaba. Ahorrarme unos centenares de metros y en lugar de ser el ultimo mezclarme con el río de corredores. Es hacer trampas pero… que más da si la carrera es imposible. Pero he pensado que si pasa un milagro y consigo acabar me arrepentiré. He acallado mi mente tramposa.

Correr solo
Ha habido un momento en que he entendido que hacía una carrera solo. ¡Que más me da terminar o no! Me he centrado en cada movimiento, en cada sensación, en cada paso, en cada dolor. Seguía solo, pero he empezado a encontrar personas retrasadas y las he ido adelantando. Pero cuando llevaba apenas 2 o 3 kilómetros ha empezado el dolor intenso. La rodilla izquierda y el pie derecho han empezado a protestar con valentía. He pensado que ese era mi límite, el cuerpo parecía decidido a pararme, parecía imposible llegar ni a los 5 Km.

El dolor y la mente
Paulatinamente el dolor ha aumentado y he tenido que elegir. Quizás era el momento de parar pero he decidido ponerme a meditar. Corría con los ojos cerrados y la máxima concentración abriendolos ligeramente cada unos segundos para controlar el entorno. El dolor no paraba pero desde el estado meditativo no afectaba a mi mente. Desde esa distancia mental he empezado a enfocarme en cada músculo para mirar de transformar la experiencia. El dolor era realmente punzante pero tenía paz mental, una sonrisa y la alegría de saber que podía hacer algo con mi mente. Creo que ha durado un par de kilómetros hasta que algo ha cambiado totalmente.

La motivación
Meditando y gestionando el dolor me he preguntado porqué hago esta carrera. He visto que era un acto con poca consciencia en la motivación. Mis maestros budistas siempre insisten en que esa es la clave de todo lo que hacemos. Inspirado con su recuerdo he decidido transformar mi motivación. He recordado la cantidad de dolores y dificultades que he tenido en el camino de meditar y como siempre ha sido la motivación de hacer algo que beneficie a los demás lo que ha transformado estas experiencias. He entendido que la carrera también podía ser una forma de meditación y parte de mi camino espiritual.

Cambiarse por los demás
He decidido aplicar una práctica budista que es el Tonglen. Es muy simple; con la respiración te concentras en absorber el dolor de los demás y les das tu felicidad. Con este cambio he sentido que el dolor intenso que sentía en la rodilla y el pie era el dolor de todos los corredores. He empezado a pensar en los demás, en las dificultades que tenían cada una de las personas que corríamos. Esto ha cambiado totalmente mi experiencia ante el dolor. Lo sentía pero ni afectaba mi mente ni era un obstáculo. Sentía una felicidad inmensa, corría con la seguridad de haber superado el dolor y con la sensación de que mi cuerpo estaba protegido.

Felicidad
Habiendo transformado la experiencia he empezado a concentrarme en la felicidad. No he prestado más atención al dolor ni he intentado aplicar técnicas de meditación. Simplemente he sentido felicidad en cada una de mis células y he procurado transmitirla a los otros corredores y a la gente que nos miraba desde las calles a través de una simple sonrisa. He empezado a disfrutar, a sentir el placer de correr.

¡Conseguido!
Finalmente he olvidado por completo la carrera, simplemente correr y disfrutar. De repente he pensado que ya llevaba un buen trozo. Al mirar la aplicación RunKeeper he visto con alegría que he había superado los 6 kilómetros. ¡He conseguido mi reto! La alegría ha sido inmensa. He grabado un vídeo y medio bailando de alegría he llegado al final.

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Y el diploma…

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