Te quiero hablar del trabajo.

Normalmente cuando decimos esta palabra a veces suena como algo pesado, tenemos esta carga, tenemos que ganarnos la vida… tenemos que trabajar.

Pero, en cambio, podría ser una cosa fantástica, que estuvieras haciendo algo que te apasiona verdaderamente y que estuvieras ayudando a muchas personas, podría ser algo que te hace sentir realizado.

¿Y cuál es la diferencia?

Pues la diferencia es entender que el trabajo es una actividad que hacemos en esta vida y que nos tiene que dar satisfacción; además, nos da un medio de vida, pero no es este el fin real. El fin real debería ser un medio de expresión, algo que nos apasione, que nos permita aportar al mundo y ayudar a otras personas.

Si tú te planteas el trabajo desde tu pasión, puedes encontrar algo que te dé muchísimo más que dinero, que no sólo te dé un medio de subsistencia, sino que te dé muchas otras cosas.

Pero ahí también hay un peligro.

Muchas personas dicen que tienes que seguir tu pasión para montar un negocio en Internet, por ejemplo, y esto está bien, es importante, ya que es una de las cosas que hay que hacer, pero no es la única: también tienes que mirar si eso es un buen negocio.

Porque si a ti te gusta mucho una cosa pero no te permite viajar y hacer lo que tú realmente deseas, también te estará limitando. Por lo tanto, cuando te planteas rediseñar tu trabajo, tu profesión o crear un producto o negocio digital, debes plantearte, por un lado, la parte de la pasión, pero por otro lado, también tener esa mente fría y ver si eso es un buen negocio.

Hay formas de analizarlo, formas de investigar el mercado y saber si eso es un buen negocio. Cuando tienes la pasión y, además, descubres que es un buen negocio, ya tienes una parte muy importante. Pero hay otra cosa que también quiero proponerte para ese análisis, y son los efectos secundario que tiene muchas veces un trabajo.

Piensa algo: tú puedes estar haciendo un trabajo que te apasione, que además te dé dinero porque es buen negocio, pero puedes tener como efecto secundario tener que estar en una oficina, en una gran ciudad, aunque lo que a ti te gusta es vivir en el campo (si es tu caso).

Ahí es donde entra, no sólo mirar qué te apasiona y si es buen negocio, sino también analizar los efectos secundarios. Y hay formas de evitar estos efectos secundarios. Por ejemplo, si estás trabajando con clientes pero te comunicas con ellos por Internet, puedes, sin duda, estar viviendo donde tú quieras.

Tampoco es lo mismo tener un horario que no tenerlo; hay que pensar si quieres estar vendiendo tu tiempo y trabajando unas horas precisas en un horario fijo o puedes crear cosas que trabajen para ti, que no dependan de que tú estés presente (asincrónicas).

Estas son cosas que está bien analizar, que tu trabajo no sea lo que simplemente haces, lo que te apasiona o lo que te da dinero, sino que analices otros aspectos y encuentres y rediseñes ese trabajo que te dé el estilo de vida que te apetezca. Lo que sea que te guste, está bien que lo puedas disfrutar y que tu negocio esté diseñado para que tú puedas disfrutar de eso.