Hay muchos ejemplos históricos en los que los modelos de negocio tuvieron que cambiar. Cuando el frío dejó de venderse en formato hielo y empezó a venderse en neveras, o cuando los taxistas en Londres dejaron de ir en caballo para ir en coche.

Viendo los cambios desde la distancia se percibe su inevitabilidad y la oportunidad que encerraban. Sin embargo, siendo empresario, cuando te están tocando tu modelo de negocio… molesta, a veces incluso duele. Los cambios son un proceso en movimiento, llenos de momentos híbridos.

¿Necesitas ayuda para afrontar cambios en tu negocio?

Haz clic aquí para solicitar el acceso a una sesión estratégica con Miquel Baixas

Un podcast habla del aumento de las ventas de vuelos por Internet mientras el director de una agencia de viajes se toma un café pensando en la contabilidad. El dependiente cierra la persiana del videoclub mientras una secretaria en Netflix termina un nuevo dossier que planifica su expansión europea. Un joven compra por céntimos una canción en iTunes mientras revisa los CD’s en un centro comercial.

Vivimos en un mundo híbrido de cambios. Tu empresa (y tu mente) debe ser anfibia, capaz de vivir en dos mundos. ¿Qué fue lo que impulsó a los emprendedores de principios del siglo XX a empezar a vender neveras en vez de hielo?

También entra en juego su capacidad creativa. La creatividad en la sociedad del conocimiento está modificando en gran parte a las organizaciones. Cambia el modelo económico y social en los países del hemisferio
norte y, cada vez más, también los que se encuentran en el hemisferio sur.

Irremediablemente, el impacto que las nuevas tecnologías y la comunicación tiene sobre el
valor en gran variedad de sectores, ha conducido y sigue conduciendo a la aparición de nuevos modelos de negocio que ponen en jaque a las grandes corporaciones
estructuradas de forma vertical.

Los modelos de negocio del siglo pasado, como tantas otras cosas, han pasado a la historia. Y los nuevos modelos se mueven en un tipo de mercado que antes no existía, configurado alrededor de las Redes Sociales y, por supuesto, de Internet. Es por lo tanto un buen consejo que no te agarres demasiado fuerte a lo caduco.

Ese contrato indefinido puede definirse en cualquier momento y puedes encontrarte en el paro. Ese buen cliente que te ha alimentado toda la vida puede cerrar o encontrar un nuevo proveedor. En cualquier momento puede que alguien incluso invente un sistema automático que anule por completo la necesidad de tus servicios.

Pero también hay un peligro en lo nuevo. A a veces aparece como algo luminoso y claro, pero no te lances totalmente a ello. Adopta una actitud abierta, investigadora pero prudente. Muy a menudo, lo nuevo todavía está verde y le falta maduración. Debes dejar que evolucione, pero sin dejar de ser parte de esa evolución: integra el cambio, experimenta, prueba, mira por dónde va el negocio.

En definitiva, el cambio es un proceso que debes hacer, valorando qué te aporta la novedad sin abandonar lo bueno de lo caduco. Se trata de una transformación. Y quizás te preguntes… ¿Esto cómo se hace? ¿Por dónde empiezo ?

Parece difícil, pero en realidad es bastante simple: tienes que redefinir el valor que das a tus clientes.